Durante mucho tiempo pensé que algo estaba mal en mí.
Creía que el dolor significaba que estaba roto, que nunca volvería a ser la misma persona de antes.
Pero un día comprendí que sanar Tambien duele.
Igual que una herida necesita tiempo para cerrar, el corazón Tambien necesita paciencia para volver a confiar
Deje de exigirme estar bien todos los días.
Aprendí a celebrar los pequeños avances: una sonrisa inesperada, una noche de buen descanso, una conversación que ya no dolia como antes.
Fue entonces cuando entendí que no estaba roto.
Solo estaba atravesando el proceso que me llevaría a convertirme en una mejor version de mí mismo.
Y por primera vez deje de pelear contra mi proceso… para empezar a abrazarlo.